El ritmo de crecimiento del gasto corriente ha sido mayor que el de los ingresos. Mientras los ingresos han aumentado un 123% en diez años, los gastos corrientes lo hicieron en al menos un 170%. En ese periodo, la inflación acumulada apenas llegó al 33,8%. El gasto de capital, que incluye el rubro para inversiones se mantuvo con un crecimiento muy distinto al del gasto corriente.