El oro se debilitó a partir de la guerra, debido al aumento de los rendimientos de los bonos, el cual responde a un entorno de mayor inflación —impulsada por el encarecimiento de la energía— que mantiene a los bancos centrales con un sesgo restrictivo y retrasa los recortes de tasas. A esto se suman dinámicas de liquidez, como desapalancamiento y toma de utilidades, que han intensificado la presión sobre el oro, según el World Gold Council.