Quienes declaran una actividad cultural como ocupación secundaria crecieron con mayor rapidez que quienes la tienen como ocupación principal: en 2020 representaban apenas el 6% del tamaño de la ocupación principal; en 2023 y 2025 llegaron a superar el 21%. La lectura es que el trabajo cultural se sostiene, cada vez más, como complemento de ingresos antes que como empleo de tiempo completo.