La composición del gasto cultural boliviano cambió de forma estructural tras 2020. Antes del cierre, entre el 26% y el 39% del presupuesto ejecutado se destinaba a "activos reales" (infraestructura, patrimonio, equipamiento). Desde 2020, ese rubro colapsó a un rango de 0%-13%, mientras "servicios personales" (sueldos) pasó a absorber entre el 50% y el 74% del gasto cada año. El ministerio recuperó volumen presupuestario, pero no volvió a ser una institución que invierte: se convirtió en una entidad que paga planillas con un margen mínimo para proyectos.